martes, 19 de enero de 2010

Candado

Su celda permanecía abierta, la luz entraba intensa y dibujaba un cálido abanico intocable,
pero los segundos empezaban a rendirse delante del miedo. De pronto el candado se cerró voluntariamente, interrumpió su silencio y lo libró milagrosamente de sufrir
la tortura incierta de la libertad.


2 comentarios:

El hombre de arena dijo...

Es cierto a veces la libertad encarcela mas que el propio candado del encierro.
Saludos

Anónimo dijo...

Aveces la libertad puede ser una condena