miércoles, 18 de diciembre de 2019


Mi abuelo le decía a mi abuela "Chula", mirá Chulita aquí, mirá Chulita allá, ave María purísima contigo Chula, etc.  Más de cincuenta años estuvieron casados. Generalmente mi abuela era la que se le ocurrían ideas y cosas para hacer en la casa, temas entretenidos y domésticos, de todo, pequeñas construcciones y arreglos de la casa etc, era bastante entretenido y divertido, yo crecí con ellos.  

Recuerdo esa vez que me desperté escuchando martillazos en el jardín, sonidos de tablas arrastrándose, era mi abuelo construyendo algo, viva imagen del coyote construyendo una trampa para atrapar al correcaminos, algo bastante similar.  Se trataba del nuevo proyecto ideado por mi abuela, previamente dibujado a lápiz y a mano alzada sobre un papel a líneas algo amarillento.  La escalera estaba reclinada sobre el balcón que daba a la sala de estar, y se veían los dos pies de mi abuelo en el último escalón. Era una de las pocas veces que mi abuelo subía tan alto para martillar algo, solamente lo solía hacer para podar la bouganvilia, pero eso era a cada dos o tres meses, y a mi juicio, aquello era mucho más arriesgado. 

En fin, recuerdo haber visto la escena, pero preferí primero entrar a la cocina a saludar a la abuela y a la tía cuándo escuché el golpe.  Fue un golpe seco, sin rebote, se escucharon romperse las ramitas del naranjal y del duraznal. Al instante todos volteamos hacia el balcón, y vimos la escalera de madera tirada hacia la derecha, no había señales de mi abuelo y se veía el desgaje de ramas y la falta de hojas que dibujaban abstractamente una ampliación en su follaje. Las corrientes eléctricas que nos impulsaron a salir corriendo a ver si el abuelo se encontraba bien, no fueron tan rápidas como la puerta de la sala cuándo se abrió de golpe, y el susto o la sorpresa, más que de la caída, de ver al abuelo raspado y enojado, "Chulaaa ya estoy harto de estos proyectos pendejos que me ponés a construir, por poco me mato, ya no quiero saber nada de este palomar que me pusiste a armar”. 

No sé cómo hice para no reírme, sentía una bomba de carcajadas contenida en mi interior.  La abuela y la tía se llevaron del brazo al abuelo para sentarlo en el sillón y curarle los raspones. Le dieron un vaso de agua con azúcar por "el susto". Mi abuelo era un hombre duro, delgado, necio también, y por suerte, salió practicamente ileso. 
Unos días después, el palomar estaba terminado, hecho de madera con retazos de tablas, era bastante pintoresco, clavado sobre la pared y amarrado con alambre en el balcón.  

Fue el mismo abuelo quién días después llegó sonriente esa tarde del mercado, iba contento, llevaba dos parejas de pichones en una canasta de mimbre. Aquel atropellado proyecto, sería su nuevo hogar y también, la nueva atracción de la casa de la Chula.

jueves, 3 de octubre de 2019

Cuándo la luna se despierta,

a veces me vuelvo jaguar,

en las noches que te encuentro, 

te recorro toda, 

andamos por barrancos,

cruzamos lagunas, 

y acostados en la hierba

nos contamos historias, 

pero no nos entendemos, 

porque en esos sueños, 

somos siempre otro idioma. 
Llueve

y se calma la sed

del animal que llevamos dentro.
Por las noches sigo tu rastro,

entre sombra y jaguar,

soy sólo una mancha que te sigue,

camino entre tus sueños,

corro por pasados, por épocas,

me guío por tu olor, por como sonaba tu risa,

entre la hojarasca voy buscando recuerdos,

bajo la luz de la luna.



-¿Por qué escribís así de esa manera? escribir así no es escribir.
-Escribo así porque me sale.
Se apagó la chimenea.

Empezó a hacer frío.

La lámina titiritaba con la lluvia.

Era de madrugada.

Había llegado septiembre.

martes, 17 de septiembre de 2019

Hablo mucho de las nubes

porque una vez probé una,

y tal vez un día también

me vaya subido en una.
Contame tus penas

-Para qué querés que te las cuente

Te puedo ayudar

-A qué me vas a ayudar

Por lo menos a ordenarlas
Ese último abrazo fue como el primero,

pero no sabíamos que era el último.
Tronó el cielo una tarde,

cayó un rayo aquí cerca,

recuerdo que lo vi de color verde,

no sé si es porque uso lentes

o porque había tomado vino,

tal vez fue porque esa vez

sentía esperanza.


Las nubes saben la verdad,

y no es porque estén arriba viéndolo todo,

sino porque son nubes.
Cuándo te vi

supe que tú ya me habías visto,

pero también supe,

que no sentiste lo mismo que yo.

Tus ojos lo dijeron.
Piel de aguacero,

petricor,

sudor que me hidrata el alma.
Apaga las luces porque no te encuentro.
Todos esos ojalás no están tan lejos,

se han ido a dar una vuelta,

y se quedaron abriendo la boca en el camino.
Toma,

son tus flechas rotas,

hazte una fogata.

martes, 27 de agosto de 2019

Estaban lejos. Lejísimos. Los separaba la historia que una vez vivieron.

lunes, 12 de agosto de 2019

Los que no sabemos olvidar

somos como esos niños,

que se tienen agarrados del pelo,

y se dicen entre dientes,

"si me soltás, te suelto".

Me quedé con unas palabras nuevas,

nunca se las di,

las mantuve guardadas,

pasó el tiempo,

y ahora ya vencieron.
Un día me voy a dar la vuelta tan rápido,

que voy a agarrar a mi sombra viéndome de frente.
Provocarme sería como somatar un panal sin avispas,

me fui, perdí las ganas de picarte.
-Rascame por favor...
-Volteate pues...
-Aquí ve... allí abajito
-¿Aquí?
-No, más abajo,
-¿Allí?
-Allí, a un lado, a un ladito....
-¿Aquí?
-Sí, más a la derecha,
-...
-Allí mero, dale, rascá duro.
Si ustedes dos se alejan, no se van a volver a juntar nunca. 
Eso me decía el espejo, y yo le creía. 
Cantaba en el alambre,

cantaba como si algo le doliera,

el pajarito estaba solo,

y en sus plumitas se miraba

la huella del viento.
Se había estado aguantando la gana,

hasta ese día cuándo la encontró en el mercado,

se acercó para soltarle lo que sentía,

pero aquellos ojos lo volvieron tartamudo.
Tirando piedras al lago

se nos cruza aquel pensamiento,

que también estaría bueno

tomar el lugar de alguna de las piedras.
Era extraño, nunca lo había visto.

El animal lo veía fijamente.

Ninguno se movía, estaban tensos,

viéndose el uno al otro,

como esperando algo.

viernes, 24 de mayo de 2019

Regalo


A los tres días de haberse ido, un gato apareció en la casa.


No se supo de dónde.


De alguna forma estaba ocupando el lugar que había quedado vacío.


En sus ojos se veía la nostalgia, raro en un animal, parecía que también extrañaba a quién había muerto.


El gato se llegó a regalar.



@palabrassiere

lunes, 18 de marzo de 2019

Apendobillum


-Está justo atrás del páncreas, es muy delgado, tan delgado como una moneda, hasta hace poco la ciencia no lo había sabido distinguir, ni reconocer, pero con la tecnología que hay ahora, acaba de ser descubierto por científicos suizos, y ahora tenemos mucha más luz en medicina y anatomía, y es justo allí, en ese nuevo órgano dónde está su dolencia mi estimado, esa sensación que dice usted tener reside allí, sin equivocación alguna, y temo decirle que no hay cura para lo que siente. 

-¿No hay cura? ¿por lo menos un tratamiento? ¿algún medicamento?… ¿está seguro que lo que siento me lo provoca ese nuevo órgano?

-Totalmente mi estimado, eso sí, es de mis primeros pacientes en los que se manifiesta este síntoma, pero vea la radiografía, es esta minúscula mancha de aquí…sí, justo aquí, ¿la ve? aquí dónde tengo la punta del lápiz… ¿ya?

-Sí, la veo, es diminuta, pero cómo es posible que algo tan pequeño…

-Casualidades e ironías de la vida Mario, pero seamos claros, el único procedimiento que puedo recomendarle debido a su situación, es una operación, es necesario sacarlo si quiere librarse de lo que siente...

-¿Extirpar el órgano? ¿Operación láser o tradicional?

-Sacarlo por completo, hay que abrir de forma tradicional. 

-¿Y las consecuencias? 

-Mire, no puedo darle un diagnóstico claro y amplio, porque no hay muchos casos como el suyo, recuerde que el Apendobillum regula una gran parte psicosomática de nuestra personalidad, por ilógico que le parezca, ese pequeño órgano es la diferencia entre un sí o un no, es la diferencia entre amar o querer, es la diferencia de nuestras elecciones subconscientes, ya que como le vuelvo a repetir, y tal como lo revelan los estudios, el Apendobillum tiene una conección nerviosa directa con el cerebelo, es todo un misterio para la ciencia aún, es por eso que hay personas que nunca se casan y son felices, otras se van a viajar solas por el mundo y dejan todo atrás, otros no necesitan amigos, personas que no tienen necesidad de un vínculo social, etc, etc, recuerde Mario que cada persona es distinta y eso se manifiesta de diferente forma. 

-Ya comprendo, creo que sí necesito tiempo para pensarlo Doctor, y pues, evaluar si en realidad prefiero seguir con esta sensación de no pertenecer a nada, ni a nadie, o someterme a la operación y tratar de encajar en la vida social que nunca he tenido...pero entiendo que no es normal. …Bueno…gracias por todo Doctor…Todavía no puedo creer lo del Apendobillum…. 

-Mire Mario, esa decisión es sólo suya, igualmente ha vivido ya muchos años con esa condición y así ha sobrevivido, siempre solo claro está, y a su manera, pero vive y puede decirse que si es capaz de ignorar esa sensación de vacío va a ser feliz a su modo, así que solamente usted puede evaluar si puede manejar la situación, y si cree que puede, puede seguir viviendo su vida sin la operación. 

-Gracias Doctor, necesito tiempo para pensarlo, me comunicaré con usted. 

-El que quiera, gracias por venir y cuídese mucho Mario, gusto de verlo. 


@Palabrassiere

viernes, 4 de enero de 2019

Volveré a ti el día que logres contar la llovizna que moja tu cabello.
O tal vez cuándo sea demasiado tarde.
El calor de verano te pasa la lengua en el oído,
y a veces escuchas cosas.
Yo sin ti soy algo.
Contigo menos.
Pasa el tiempo.
Los recuerdos van tomando vida propia.
Van modificando lo que fueron.
Un día son otros.
Y te preguntan cosas.